Cómo la roca, la luz y la vegetación de los Dolomitas dieron forma a una colección de trail running
La mayoría de las colecciones nacen de un briefing técnico. Una lista de requisitos, un peso objetivo, una serie de parámetros de rendimiento que alcanzar. Dolomya nació de otra manera. Nació de un lugar.
Los Dolomitas siempre han formado parte de nuestro mundo. No como imagen publicitaria, sino como el terreno donde gran parte de lo que fabricamos se prueba, se lleva puesto y se comprende. Cuando llegó el momento de diseñar una colección dedicada al trail running, nos pareció evidente que esas montañas debían ser algo más que un telón de fondo. Debían ser el punto de partida.
Color tomado directamente de la roca
Quien haya pasado tiempo en los Dolomitas sabe que la roca cambia a lo largo del día. A pleno sol adquiere un ocre cálido, casi arcilloso. A la sombra se repliega en un gris frío, mineral. A lo largo de los canchales y por las paredes expuestas, la vegetación se aferra allí donde encuentra apoyo, en tonos de verde que varían con la altitud y la estación.
Esa es la paleta. Baked Clay, Summer Sand, Granite Grey, Foam Green, Teak, Caviar. Cada tono procede de algo concreto del paisaje, no de una previsión de tendencias. Llevada en el sendero, la colección no compite con su entorno. Le pertenece.
«El punto de partida no fue un briefing técnico. Fue un paisaje. Todo lo demás vino de ahí.»
Formas con dos propósitos
Observa de cerca cualquier prenda Dolomya y verás zonas de densidad y estructura distintas a lo largo del tejido. Malla abierta en algunas áreas, punto más cerrado en otras, paneles que se rompen y se recomponen sobre el cuerpo.
Cada una de esas zonas existe por una razón funcional. Se fabrican en nuestras máquinas circulares, que nos permiten construir una prenda entera en una sola pieza, sin costuras, variando la estructura del tejido exactamente donde hace falta. Ventilación donde el cuerpo se calienta más. Compresión donde sostiene. Libertad donde el cuerpo se mueve. Zonas acolchadas en los hombros para repartir la carga de la mochila en distancias largas. Nada es decorativo por casualidad.
Pero las formas que adoptan esas zonas tampoco son arbitrarias. Siguen los contornos de la roca dolomítica, el modo en que la vegetación se extiende por el canchal, el dibujo de luz y sombra que recorre una pared. La función trazó el mapa. La naturaleza dibujó las formas.
Materiales que vienen del mismo sitio que los senderos
Dolomya está construida con fibras naturales: Coolth_SL, Ariacel, Natex y Flexicorn. Juntas aportan ligereza, secado rápido, suavidad sobre la piel y la elasticidad que exige el terreno técnico. Se secan más rápido que el nailon convencional y regulan la humedad sin los tratamientos químicos que se desvanecen tras unos pocos lavados.
Hay una lógica en esto que va más allá del rendimiento. Los materiales hablan el mismo idioma que los senderos de montaña porque vienen del mismo sitio. En una colección concebida como homenaje a un paisaje, sería incoherente fabricarla con cualquier otra cosa.
Desarrollada donde siempre se ha desarrollado
Cada pieza de Dolomya ha sido diseñada, desarrollada y producida internamente en AREAS, nuestras instalaciones en Asola, donde esta empresa lleva más de setenta años investigando y fabricando. Las máquinas circulares, el desarrollo de fibras, las pruebas: todo ocurre bajo un mismo techo.
No es una cuestión de comodidad. Es lo que permite concebir una colección como un todo en lugar de ensamblarla a partir de piezas sueltas, y es lo que hace posible tomar una idea tan abstracta como una montaña y traducirla en una prenda que rinde cuando el terreno se empina.
Dolomya es el resultado de un diálogo continuo entre lo que construimos y el lugar al que pertenece.
Performance on the trails.











